Sueños con Salamancas, de Celia María Soto Payva, participante del taller

{ viernes, 8 de abril de 2011 }



Apoyé la cabeza en la almohada, me disponía a dormir. El desgano y la altísima temperatura se adueñaron de mi cuerpo. Exhausta, dejé vagar el pensamiento… La música en la radio acompañaba la siesta. Peteco cantaba:
Buscando la salamanca hasta los montes llegué. Fui pidiendo para mi, fortuna, fama y poder. La noche envolvió mi sombra antes del amanecer…
Pensé en la letra de la chacarera. Encerraba misterios que no comprendía. Tal vez, porque moraba desde hacía días en la región.
Cuando abrí los ojos, un hombre vestido de blanco inspeccionaba mis párpados. Apretó mis brazos y piernas, ordenó acercarme el agua para beber en tragos pequeños.
Asustada, realicé un esfuerzo para retomar los sueños; insistir en ese mundo fantástico… Sentí algo frío sobre el pie; un vientre rojizo con el lomo negro, lleno de manchas amarillas y cabeza chata se deslizó por él. En voz alta la gente gritó: “es una salamandra, en ella vive la maldad”. Los escalofríos recorrieron mi cuerpo. Al fin, el horrible batracio siguió su camino.
Ahora debo escapar del festín obsceno, donde se bebe y come en exceso. Libertinaje de cuerpos desnudos, entrelazados en medio de una orgía de pasión y desenfreno.
Regresé con miedo a las cuevas metidas entre el follaje espeso de los cerros bajos. Alguien, cubierto de la cabeza a los pies con un manto oscuro, enseñaba a los adeptos a seducir mujeres, domar caballos, curar. Sobre todo a cantar y tocar los instrumentos.
El paraje solitario se iluminó con el fuego; las brujas danzaron al son de las palmas. El sonido de un violín se fue con el viento… vaya uno a saber desde qué lugar, el bombo legüelo contestó afinado, con su armazón de madera de ceibo.
Aceleré el paso contra la ventisca y los grandes remolinos de arena y hojas. Caminé y caminé. Miré puertas y ventanas cerradas de la ciudad. No había Nadie. No había nada. Pensé que la noche habría olvidado a la luna. Que el diablo aprovecharía las circunstancias para deambular indiferente.
Con fuerza aprisioné en mi mano la medalla sagrada.
Escuché a los gatos que, en los tejados, lloraban de amor o miedo… Y a lo lejos, otra vez la canción: De a poco fui conociendo secretos del Socavón, que no hay planta ni elixir para el amor, que hay un tiempo que está unido con las memorias del sol…

Frases de Paul Auster

{ domingo, 20 de marzo de 2011 }



Lo que obliga a leer es cuando sentimos que la obra es necesaria, escrita con una sensación de gran necesidad por parte del escritor de dejar que esa obra saliera a la luz. Hay muchos libros que suenan igual que otros, muchos poemas también. Los autores profesionales, con largas carreras, muchos escriben muy bien, pero no realmente maravilloso. Cuando lees algo maravilloso, todo cambia.
Cuando acabo un libro, nunca me siento demasiado satisfecho. Pero responde a lo que quería hacer, una vez que conseguí entenderlo, para bien o para mal.
Lo que es importante para mí son los niños pequeños, y lo desesperados que están por oír historias, que les cuenten cuentos todo el rato. Algunos de esos cuentos son muy violentos, y pensamos que eso no es para niños. Pero sí lo es, porque estos cuentos nos dicen que se traten sus miedos, pero de una manera segura.
Escribir una novela y escribir un guión cinematográfico son dos experiencias totalmente distintas. Lo único que las une es que están intentando contar una historia, pero los medios que tenemos a nuestra disposición son totalmente diferentes. Cuando escribo una novela, me muevo en tres dimensiones, estoy probando, oliendo todo. Mis novelas tienden a no ser cinematográficas, en el sentido de que no están divididas en escenas, tal y como otras novelas sí lo hacen. No hay mucho diálogo, ni muchas descripciones físicas, pero sí mucha narración. Es como un continuum que se va desarrollando en forma de voz contando la historia. Las películas, por otra parte, son un medio muy artificial. La gente dice ¡oh, es real! ¡No, es falso! Y se escribe para un rectángulo de dos dimensiones y se proyecta en él, sobre las imágenes, y se ve a los actores cómo van dando sus líneas de texto.
Crear personajes no es una acción gratuita, es algo que entraña una responsabilidad, y eso es lo que abordo en la novela. ¿Qué significa dar vida a un ente de ficción? Lo paradójico, creo yo, es que, si el libro que se escribe es bueno, las criaturas imaginarias estén destinadas a tener una vida mucho más larga que la de su creador.

8 de marzo - Día Internacional de la Mujer

{ martes, 8 de marzo de 2011 }

Con el correr de los años fue modificándose el sentido con el que naciera El Día Internacional de la Mujer,  y que estuviera directamente ligado al protagonismo de éstas en distintas actividades, con el objetivo siempre de lograr la igualdad de derechos con el hombre.
Son muchas y variadas las fuentes que nos remiten a sus inicios; no han sido absolutamente comprobadas las circunstancias que le dieron origen. Desde aquellas obreras que en 1857, en Nueva York, en el ejercicio de una huelga perdieran sus vidas en un incendio que azotó a una fábrica textil, hasta las primeras mujeres -costureras industriales- que en 1908 se reunieran en Asamblea para defender el derecho a trabajar menos horas, se han suscitado tan fuertes como valederos motivos para que la mujer tuviera un espacio donde se homenajee su valor, su fuerza, su coraje, su tesón... su posibilidad de hacerse oír, hasta entonces privilegio del género masculino.
Sin importar demasiado desde qué lugar -si es este político, científico, cultura, laboral o doméstico- la Mujer ha ganado un espacio indiscutible. Y sin retorno.
Nada le habría sido más fácil, tal vez, que resignarse a quedarse en su casa, condenada a las tareas del hogar, limitando su rol al cuidado de los hijos y la atención a su esposo. Sin embargo se esmeró en adquirir un lugar que la ubicara, poco a poco, a la altura social y económica del hombre.
Fue la alemana Clara Zetkin quien en el año 1910 durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialista propuso establecer el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer,  en homenaje a “...aquellas que llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación capitalista”.
Se unieron a la propuesta Dinamarca primero, Europa después, la siguieron Rusia, Uruguay, Cuba, México, Chile, Venezuela, Inglaterra, Perú...
Recién en el año 1984 -con el advenimiento de la democracia- Argentina se unió a este festejo, cuando mujeres de distintas organizaciones sociales,   partidos políticos,  sindicatos y diferentes núcleos feministas se reunieron en manifestación en la Plaza del Congreso.
Se incorporaron términos como “feminicidio” y “generocidio” para hablar de situaciones del pasado, pero... no nos engañemos: muchas mujeres hoy, en el siglo XXI  viven inmersas en sociedades patriarcales, en comunidades adversas, en culturas retrógradas. La ignorancia, el hambre, la miseria y muchas veces las condiciones físicas en las que habitan son factores determinantes de la poca o nula posibilidad de romper el estrecho enrejado que las apresa. Otras tantas veces la mujer, por su condición genérica, es sometida a la ignominia... Las luchas entre los pueblos son un claro ejemplo de esto.
Sin embargo, y sin olvidar aquello, hay algo que nos afecta y nos incumbe en forma aún más directa, y por lo tanto podemos trabajar para modificarlo desde nuestro quehacer cotidiano como ciudadanos, con nuestros derechos, pero también con nuestras obligaciones. Y es las miles de adolescentes que, víctimas sociales, son protagonistas del maltrato infantil, la violencia familiar, el trabajo... o la violación. Y no es menos medida víctimas de conflictos familiares y sociales que las ha llevado a recurrir a las drogas, al alcohol y a la promiscuidad, en busca de quién sabe qué. Tal vez de un lugar en el mundo.
Por ellas y para ellas, hijas de hijas, madres o futuras madres, hermanas, amigas... es hoy desde este espacio, nuestro homenaje.

Olga Starzak

Las reglas básicas de la Puntuación

{ miércoles, 2 de marzo de 2011 }




PUNTO:
Se utiliza cuando lo que se expresa ya tiene sentido completo, es decir, al finalizar una oración. No hay reglas fijas que determinen cuándo usar punto seguido o punto aparte, más allá de una cierta unidad temática. El punto aparte se reconoce porque el texto continúa en el renglón siguiente, por lo general, con un espacio inicial en blanco (sangría).
Se emplea en ciertas abreviaturas.

Pcia. de Bs. As.
   


COMA:

• Indica una pausa breve.
• Separa los términos de una enumeración.

  Rosas, dalias, claveles y crisantemos adornaban el salón.

• La invocación va entre comas.

  Me parece, señor, que se equivoca.

Se coloca ante las conjunciones AUNQUE, PERO, SIN EMBARGO, SINO y   otras similares.

  Encierra elementos explicativos intercalados en el texto.
  San Martín, el Libertador, nació en 1778.

Después de expresar una condición, se usa coma.

  Si puedo, iré a visitarte

Cuando se invierte el orden lógico gramatical de una oración, se suele   colocar coma.

  De eso, por ahora no vamos a hablar.

Cuando se omite un verbo, se debe colocar una coma.

  Marcela es docente; Julio, enfermero.
   


PUNTO Y COMA:

• Indica una pausa mayor que la coma y menor que el punto.
• Se usa para separar los elementos de una oración compuesta, cuando son   muy extensos o ya tienen coma en su interior.
• Se emplea para separar los términos de una enumeración cuando ya tienen   comas.

  Están todos: Juan, mi primo; Pedro, su tío, y María, la criada.
   


PUNTOS SUSPENSIVOS:

• Se emplean cuando se quiere dejar el sentido de la oración incompleto.

  Yo ya no sé qué decirte...

• Se usan para expresar temor o duda o se quiere sorprender al lector.

  Creo que llegó... el jueves... o el lunes.

Se emplean para indicar la omisión de parte de un texto copiado   literalmente.

  Sean eternos los laureles [ ... ] o juremos con gloria morir.
  Sean eternos los laureles [ ... ] o juremos con gloria morir.
  Al pan, pan...
  Lo mandó a la m...
   


DOS PUNTOS:

• Se utilizan cuando se enuncia un hecho e inmediatamente se lo explica.

  Llegó muy tarde: a eso de las cuatro.

• Se emplean para realizar una cita textual.

  Dijo Sarmiento: "Bárbaros, las ideas no se matan".

Se usan antes de una enumeración.

  Las provincias mesopótamicas son: Entre Ríos, Corrientes y Misiones.

• Se utilizan detrás del encabezamiento de una carta.

  Querido amigo: no pude escribirte antes...
   


Expresiones del escritor Enrique Vila-Matas

{ lunes, 21 de febrero de 2011 }

Fragmento del discurso en la entrega del XXII Premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos"
(...)Hay que ir hacia una literatura acorde con el espíritu del tiempo, una literatura mixta, mestiza, donde los límites se confundan y la realidad pueda bailar en la frontera con lo ficticio, y el ritmo borre esa frontera. De un tiempo a esta parte, yo quiero ser extranjero siempre. De un tiempo a esta parte, creo que cada vez más la literatura trasciende las fronteras nacionales para hacer revelaciones profundas sobre la universalidad de la naturaleza humana.
Como dice Gao Xinjian, la literatura trasciende la ideología, las fronteras nacionales y las conciencias raciales. Y ello se debe a que la condición existencial del hombre es superior a cualesquiera teorías o especulaciones sobre la vida. La literatura es una observación universal que abarca los dilemas de la existencia humana, y nada es tabú. Si algo lo es, se debe a que viene impuesto del exterior: la política, la sociedad, la ética y las costumbres pretenden recortar la fuerza singular de la escritura. Pero hay buenos motivos para el optimismo. La literatura no solo no tiende a desaparecer sino que avanza con estimulantes conquistas de libertad. La novela, por ejemplo, no solo no ha muerto sino que evoluciona de forma atractiva, cada vez descansa más en una sucesión de rebeliones y emancipaciones gracias a las cuales los escritores están logrando las condiciones de una literatura autónoma, pura, liberada del funcionalismo político.
(...)Yo quiero aprovechar esta oportunidad de esta noche para hablarles como escritor con la voz de un individuo, de un pájaro solitario, con la voz de un hombre. No se ha cansado Xingjian de decir que un escritor no puede hablar como portavoz del pueblo o ser un himno o la voz de una clase social o de un movimiento artístico, porque en todos esos casos la literatura deja de ser literatura para convertirse en un simple instrumento de poder. Lo que dice Xingjian —gran admirador de Kafka, Pessoa y Beckett— es que un escritor solo se representa a sí mismo y su voz es obviamente débil, pero es precisamente esa voz personal, su voz de pájaro solitario, la que resulta más auténtica.
Pienso esta noche en la voz de un hombre solo llamado Kafka, que admiraba a Strindberg, del que decía: «Esa rabia suya, esas páginas obtenidas a puñetazos». Y pienso esta noche en tantas páginas de Beckett o de Pessoa, obtenidas con los puños y cruzadas por el acero del dolor. El hecho de que Pessoa, Kafka y Beckett —paradigmas perfectos del pájaro de Caracas— recurriesen al lenguaje no respondía a una voluntad, por parte de ellos, de reformar el mundo, pero, pese a ser conscientes de la insignificancia del individuo, dejaron su voz, pues tal es, en definitiva, el duende del lenguaje.



Los hombres del Pueblo, de Marcela Redondo Moreno, participante del Taller

{ lunes, 14 de febrero de 2011 }

“La manifestación popular suele surgir en respuesta a la dominación de un grupo de la sociedad hacia otro, éste hastiado de su condición inferior, se vuelca a las calles en busca de justicia.”  

 “Siempre que un hombre cegado por la ambición ha intentado obtener cierto objetivo, hubo otro hombre que fue subordinado para que aquél lo consiga”




Los hombres del pueblo

 La noche estaba cerca pero ellos eran cada vez más. A pesar del viento helado que les lastimaba el rostro, no cedían un solo paso. Algunos tímidos se acercaban con las manos en los bolsillos mientras avizoraban ocasionalmente hacia atrás, pero se incluían en la multitud con rapidez. Otros, los más viejos y curtidos, cuya mirada turbia no reflejaba resignación sino una profunda esperanza, platicaban con los más jóvenes  sobre experiencias similares.

La extenuación era colectiva, los párpados desfallecidos hasta mitad de los ojos y el rostro avejentado existía en la mayoría de los manifestantes. Sólo los más chicos, inquietos y curiosos por la multitud, irradiaban frescura. 

Pero había que seguir esperando; la desesperación más absoluta los había impulsado a abandonar sus viviendas, y no regresarían hasta obtener soluciones concretas.
Esta vez ningún discurso conformista proveniente de algún gobernante, que pronto olvidaría las promesas realizadas, los engañaría.

La noche por fin había impregnado cada rincón de la manifestación. Sin embargo, no había señal de que alguien se asomara por  las puertas de aquella Municipalidad. La espera se tornaba agotadora pero, entre cánticos y gritos alentadores, el final parecía posible y cercano.

Finalmente algo ocurrió. Los que estaban atrás vieron que los más próximos a la entrada se agitaban y la mezcla de voces había cambiado de sólo un murmullo a bramidos.
 
—¡Nos atacan! —Vociferó uno de los guardias ubicado en el cordón de la vereda. Pero no era verdad. No obstante parecía que muchos de ellos esperaban que eso ocurriera para tener una excusa y poder reprimir.  La tensión era cada vez más grande porque la gente se irritó al ver la actitud amenazante de los armados. Cuando parecía que una batalla daría comienzo, un hombre robusto, de amplios bigotes, piel morena y mirada firme pero fresca, abrió las puertas de la Municipalidad.
El Intendente llamó al jefe de los policías y le dictaminó que no usaran la fuerza.  Éste, con un grito que resonó en toda la cuadra, convocó al orden.

Las personas permanecieron impasibles por unos segundos pero acto seguido comenzaron a aplaudir, silbar y pedir por pan y trabajo.

El administrador del pueblo solicitó nuevamente orden pero esta vez no le pidió al policía que sea intermediario, sino levantó ambas manos e  instantáneamente la masa enmudeció.

La situación exigía que eligiera cada palabra con mucho cuidado. Y él lo sabía, por eso había estado todas esas horas decidiendo qué exponer.

—¡Vecinos! Necesito que mantengan la calma, estamos atravesando una de las crisis más grandes de los últimos tiempos. Pero quiero que sepan que la situación va a mejorar —algunos de los presentes empezaron a silbar y otros simplemente escudriñaron con recelo el rostro del Intendente, que comenzaba a sudar.

 —Voy a hablar —elevó más la voz para hacerse oír entre el murmullo— con uno de ustedes, quién sea su representante, por favor, que se acerque y dialogaremos.

Algunos de los presentes se miraron entre ellos y después la mayoría dirigió la vista hacia un anciano que se encontraba parado en la segunda fila principal. Él, cuando percibió que era el centro de atención, aunque tenía el ceño fruncido y cierto dejo de desdén en su mirada, súbitamente  sonrió y giró la cabeza hacia su derecha. Allí, un joven que compartía el mismo gesto desairado, le devolvió la sonrisa y asintió.

El muchacho se abrió paso entre la multitud y la policía separó su cadena humana para dejarlo pasar.
Ahora, frente a frente con el jefe comunal, se estrecharon las manos e ingresaron en la casa de gobierno.

Sí la espera anterior había parecido eterna, esta resultaba insoportable. La irritación aumentaba cuando alguno de los niños lloraba y la madre, cansada, poco podía hacer para calmarlo. Después de todo, ya habían transcurrido doce horas desde que las primeras personas se habían empezado a aglomerar.

Finalmente, la puerta, por donde dos horas antes había salido el mandatario, se abrió y esta vez primero apareció el joven que debía negociar. Tras él, el intendente y varios hombres más, que parecían formar parte del la administración. Se pararon en hilera, de frente a los congregados.


—¡Compañeros! Amigos…—empezó el chico con evidente determinación, pues permanecía erguido y con ambos brazos abiertos, como intentando abrazar a la muchedumbre— Déjenme decirles que la reunión fue extensa, porque ustedes saben que nuestros problemas son muchos. Pero quiero que sepan que nos vamos de aquí… ¡con propuestas claras de trabajo, de progreso!

El público estalló en aplausos y gritos de alegría, las mujeres lloraban y besaban a sus maridos e hijos, los más viejos parecían aturdidos y suspicaces también, quizá no dando crédito a una solución tan rápida y positiva.

—Nos vamos también —prosiguió el muchacho contento por la reacción provocada— con la invitación a seguir viniendo para encontrar la solución de todos y cada uno de los problemas que nos afectan.


Otra vez las personas celebraron la noticia con abrazos y largos suspiros. El murmullo era cada vez más fuerte y la mayoría, ya dispuesta a irse, comenzó a moverse en distintas direcciones.

El joven estrechó nuevamente la mano del gobernante, quien le guiño el ojo con picardía.


                                                               












TOMÁS ELOY MARTÍNEZ: UNA HERENCIA PERIODÍSTICA Y LITERARIA

{ lunes, 31 de enero de 2011 }



Conocí a Tomás Eloy Martínez cuando en el año 2007, invitado por el Grupo Jornada, visitó la Ciudad  de Trelew.
A decir verdad mi primer encuentro con él se produjo mucho antes: al mismo tiempo que mi cita con la literatura de alto vuelo. Acababa de leer Santa Evita y había quedado cautivada por la prosa eximia, audaz y certera de esa novela de ficción escrita por un investigador nato que, sumido  -tal vez impactado- por la misma emoción que después vivirían sus lectores, descubría los inhiestos vericuetos de la muerte, del cadáver de una líder política.
Entonces ya había sido seducida por la prosa de Martínez y enseguida busqué las huellas de su talento en otras de sus obras, primero en  La novela de Perón, después en El vuelo de la reina, más tarde en La Pasión según Trelew. Últimamente en Purgatorio.
Cuando en la oportunidad citada concurrí a la conferencia que ofreció en el Museo Egidio Feruglio no buscaba más que escuchar la voz de alguien que ya admiraba profundamente. Recuerdo que al ingresar al auditorio y encontrarme con su rostro me invadió una intensa emoción. Era consciente de que estaba frente a un ícono de la Literatura Argentina, aquel periodista que –como pocos- pudo amalgamar ambas pasiones y entregarse a su público como entrega la orquídea sus flores: en forma sucesiva, perdurable y hermosa.
Estaba invitado -y así fue presentado por la locutora- para hablar de su obra La pasión según Trelew, sin embargo, con la facultad que le otorgaba -no tanto su trayectoria como sus propios años-  explicó que no hablaría de ese tema del que tanto había y se había dicho; muy por el contario quería dedicar la tarde a conferenciar sobre los puntos en común del periodista y del escritor. ¡Y vaya con la maestría que lo hizo! De más está decir que al escuchar estas últimas palabras mi alegría se potenció a límites insospechados y debí disimularla porque, gran parte de los presentes -puedo asegurarlo-  sufrió una especie de decepción (parece ser natural que las personas deseen que una y otra vez sangren las viejas heridas). Tanto que algunos hasta se retiraron, lo que me permitió, gloriosa, ocupar un asiento y disfrutar a mis anchas del doble regalo que me ofrecía su presencia.
Podría contarles, como si lo hubiese escuchado ayer, los aspectos que consideró a la hora de hablar de la escritura, tanto para quien informa como para quién hace literatura. No dejó lugar a dudas de cómo una profesión no sólo se alimenta  sino que necesita de la otra.  Que  la suma de ambas es lo que logra la diferencia: calidad en el lenguaje, en el decir y en el estilo; la que produce esos textos inolvidables, escritos con la destreza y técnica de un literato que tanto puede narrar la realidad a través de una  prosa poética o transfigurarla a través del texto.
Él creía, y luchaba porque así sea concebido, que el periodismo era, en sí mismo,  un arte.
A lo largo de esa charla en el Mef, estudiantes, hombres públicos y oyentes en general desplegaron sus  preguntas, a veces con la sola intención de pronunciarse, otras –las más- por sonsacar del intelectual firme y decoroso que tenían frente, la opinión que considerarían indiscutible
En mi caso, y a pesar de mi temperamento impulsivo, de la curiosidad y mi afán de seguir escuchándolo, no pude emitir una palabra: estaba conmocionada por su profesionalidad pero muy especialmente por la modestia que, infranqueable, mostró en cada una de  sus opiniones, anécdotas,  experiencias; en sus manifestaciones de desesperanza y otras de optimismo, en el recuerdo a los amigos, en los relatos de su  paso por las distintos escenarios de editoriales, diarios, revistas y universidades.
Esto sólo es una brevísima reseña de su pensamiento porque no es este el momento ni el objetivo de este escrito. Tampoco hablarles de su biografía, ni de sus obras, ni las prolíficas actividades que ha desarrollado a lo largo de su vida. Ya lo han hecho en todos estos días, todos los medios gráficos de la zona, de la Argentina, de Latinoamérica y Europa.
Sí decirles que también fue la conmoción la que me quitó las palabras el domingo 31 de enero a la noche, cuando leí en la primera plana de un diario, que había fallecido Tomás Eloy Martínez.
Hoy, a un año de su viaje eterno, surgen estas palabras como un simplísimo homenaje al hombre que le dejó a la literatura y la sociedad toda el legado indiscutible de sus obras pero también de su hombría de bien, de sus preocupaciones por las causas justas, su sentido humanístico, su valor por la cultura, su amor a la familia  y su devoción por la amistad.
 Olga Starzak
Enero de 2011

Tomás Eloy Martínez, periodista y escritor, murió el 31 de enero de 2010 en Buenos Aires, después de una larga enfermedad. Había nacido en Tucumán el 16 de julio de 1934.
Licenciado en Literatura Española y Latinoamericana (Universidad Nacional de Tucumán y Maestro en Literatura (Universidad de Paris VII) desempeño múltiples actividades como guionista, ensayista, crítico de cine, columnista, editor, y corresponsal.
Entre sus obras mencionamos las novelas Sagrado, Santa Evita, La mano del amo, La novela de Perón, La Pasión según Trelew, El vuelo de la Reina… Purgatorio.